
Con respecto a la fundación de Valencia, obviamente, no he cambiado de opinión. Pero me gusta repasar mis notas sobre la misma: la isla fluvial, la primera villa ibérica (Tyris), la geometría estricta del cruce de cardo y decumano, el Foro y la Basílica como expresiones supremas del encuentro social y como primeras manifestaciones propiamente arquitectónicas. Ya fueran los habitantes dominantes o dominados, romanos o iberos, la ciudad fue su casa común. Y me mantengo en esa dicotomía entre generosidad y nostalgia al enfrentarnos a los criterios de intervención en el patrimonio. Como mantengo mi optimismo en mis consideraciones finales (salvo en lo del desempleo, claro, que me colé).
José María Lozano. Catedrático
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