
Queridos estudiantes (y profesores también):
Va a ser un lujo compartir la clase del próximo martes con Javier García Solera. Yo le voy a pedir que la próxima vez acompañe a su padre, Juan Antonio, que es un Maestro.
Cuándo comprobéis de cerca la pasión que Javier pone en su trabajo y esa mezcla de facilidad creativa y tesón laborioso de que se compone, vais a advertir la grandeza de nuestra profesión; y la grandeza de la obra arquitectónica de Javier.
Yo, que le conozco y aprecio desde hace tantos años, me he permitido constatar su madurez y, con ella, un nuevo rasgo de generosidad que prevalece sobre la legítima autoestima que corresponde a quien se sabe importante.
La última vez le hable de "expresionismo elemental" con la preocupación de que le disgustara el concepto al aplicarlo a su obra; lejos de ello le interesó.
Son cada vez más los rasgos que le sitúan, con derecho, entre los grandes de nuestra disciplina. Y es muy joven todavía.
Esta vez le hablaré de "arquitecturas de proximidad" ese término que estoy acuñando para referirme a algo que es más fácil de entender que de definir y que, renunciando a las clasificaciones -y a las calificaciones- al uso, incluídas las puramente estílísticas y las, probablemente más perversas, las "de autor", fundamentan en el valor social su capacidad de pertenencia al grupo. Arquitecturas humildes y fáciles de comprender, lo que no elude la multiplicidad de lecturas ni la investigación formal; arquitecturas de participación ciudadana más allá de los mecanismos de información pública establecidos; arquitecturas, por supuesto, sensibles con el desarrollo sostenible y la optimización de recursos; con seguridad arquitecturas siempre bellas y rigurosas.
Lo dicho, un lujo tenerle con nosotros.
Hasta el martes.
José María Lozano Velasco. Catedrático
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