domingo, 13 de febrero de 2011

PARQUE CENTRAL

Pertenecer al “jurado” del Parque Central, en mi caso a propuesta del rector de la UPV a la Alcaldesa, no sólo ha resultado una inmensa satisfacción personal y un motivo de orgullo ciudadano, sino también una imponente fuente de conocimiento. Porque a la fuerte personalidad profesional de cada uno de los cinco equipos redactores se ha unido, lógicamente, la excelencia de cada una de las cinco propuestas presentadas.

A riesgo de resultar pretencioso me permito compartir con vosotros algunas de las notas que, con anterioridad a la deliberación que de decidió por unanimidad el resultado conocido, tomé para mi propio gobierno.




GUSTAFSON PORTER.

Se trata de una propuesta de importantes valores paisajísticos que denota experiencia y profesionalidad, en la que destaca su sensibilidad social, el objetivo cultural flexible y la ecología urbana (reduciendo el impacto sobre el paisaje natural). Arquitectura paisajista, cultura y ecología como fundamentos del proyecto.

La idea inspiradora, el cuenco cerámico, se erige en simbolismo de ricos resultados formales y evocadoras referencias a elementos de identidad propiamente valencianos. Y los diferentes sectores, más o menos vinculados a usos diferenciadores, específicos en ocasiones, aunque normalmente flexibles y variables, no empecen para la identificación del todo ni disminuyen su unidad.

Parecen adecuadas sus intenciones de obtener una “escala menor” para el distrito sur, sectorizándolo, como acertada su estrategia basada en el “vecindario de proximidad” y el “barrio”.

Enmarcado en el concepto de ciudades saludables, su trabajo es sensible a cuestiones como el reciclado y reciclaje de materiales, y el deseable manejo de estándares y soluciones formales de iluminación artificial. Y pese a que el término “plaza” me resulta impreciso, entiendo su papel en el conjunto, cuando se comporta a la vez como unidad y articulación, como espacio servidor y servido. Hasta configurarse como corazón y espacio central bien caracterizado.

Al interés y calidad estética de sus reconocibles “movimientos de tierras” de directriz circular y dinámico trazado se unen, en esta ocasión, hallazgos como el Paseo de palmeras y jacarandas, el prado que es al tiempo anfiteatro y mirador e innovaciones como la pantalla de leds de la “plaza” norte.

Pragmáticas las consideraciones respecto al mantenimiento del parque, las relativas a la participación del sector privado o a la seguridad. Y definitivas y poderosas las que resumen el enunciado: EQUILIBRIO HUMANO utilizado por su autora como definición última para su utilización ciudadana.


WEST 8.

Este trabajo, que ha observado disciplinadamente los objetivos de la entidad concursante, no ha eludido sin embargo introducir propuestas singulares y de importante contenido formal y visual, que enriquecen los presupuestos de partida mientras acentúan variables extraídas de la rica biodiversidad de nuestros entornos naturales, en la búsqueda de un “microclima” adecuado y en cierta medida identitario.

Tal vez la idea DE DENTRO HACIA FUERA y la importancia de la “villa cultural” puedan aceptarse como generadores del resultado total. Y es de apreciar la multiplicidad de formas, colores y matices con una imagen final evocadora de cierto pintoresquismo normalmente de gran aceptación popular. Como también lo es el criterio innovador que representa la aportación de nuevas especies –tropicales muchas de ellas- en consonancia con su riguroso estudio de jardines y paisajes valencianos. Tal vez demasiado literales las referencias a La Albufera (en el Jardín Infantil o en los arrozales de la Villa Cultural) o a la naranja en el diseño de la necesaria verja de cerramiento.

No faltan las consideraciones rigurosas (y pedagógicas) sobre energías alternativas o hidroeficiencia en la reutilización de caudales de agua provenientes de las filtraciones subterráneas en los túneles del metro. Ni las alternativas que proveen de aparcamientos perimetrales –aunque me caben dudas sobre su eficacia con respecto a los disuasorios- o la cuidadosa intervención en las antiguas instalaciones de Macosa.

Delicados los croquis y bocetos iniciales, en los que las flores, el agua y una estimable cualidad poética pudieran ser palabras clave que resumen un trabajo sensible que apuesto por un parque con cierto grado de autonomía en su conjunto y de fragmentación escalada en su formalización pormenorizada.


ZAHA HADID.

La afirmación inicial “Zaha needs Valencia & Valencia needs Zaha” procura muy probablemente un resumen muy adecuado del trabajo presentado por la Oficina de este Premio Pritzker, que en él mismo demuestra su condición profesional justamente galardonada.

Aquí la naturaleza, el agua y los flujos de interconexión de la ciudad, caracterizan, como auténticas “ideas fuerza” de una solución de apariencia centrípeta, elegante, colorista y salpicada por un atractivo repertorio de mobiliario urbano, en la que se reconoce con facilidad la maestría de la marca de autor.

He creído apreciar como objetivo principal de esta propuesta brindar una SUMA DE SENSACIONES PLACENTERAS al usuario, al ciudadano, simultaneando una atención precisa a cuestiones técnicas como la gestión sostenible del agua, la autogestión de la iluminación artificial, la accesibilidad, la seguridad y la sostenibilidad en su conjunto –incluida mención expresa a la certificación Dren- con una estimulante evocación del hábitat valenciano, desde la pradera (escasa) hasta el bosque de ribera o el mediterráneo, desde la huerta al humedal.

Pese a un cierto exceso de atomización en la presentación de la propuesta o el pragmatismo de su enunciado “urbanizador”, la importancia y calidad de la misma, su potencia objetual, la interesante y muy dialéctica relación entre sus cualidades formales, centrípetas en una primera lectura, centrífugas en otra más detallada, dinámicas siempre, permiten reconocerla con la energía positiva que es habitual en el trabajo arquitectónico de su autora, mientras la preocupación por la adaptabilidad y la seguridad la aproximan adecuadamente a la realidad.


ALEJANDRO ZAERA.

La hipótesis de que el ciudadano contemporáneo se encuentre con la naturaleza mediante el uso de una “herramienta” que pudiéramos denominar PARQUE DEL SIGLO XXI es probablemente la mejor manera de entender una propuesta que apuesta con valentía por un paisaje urbano interactivo, asociado a un sistema de relaciones y de información, en el que el ciudadano y los eventos que se deriven de su protagonismo participativo, se conforman como hilo conductor e inspirador de los resultados formales.

Con la finísima consideración de la “inteligencia de la huerta” se diseña un conjunto de inteligencias parciales que sitúan la relación entre Parque y Ciudad como origen para el diseño de una estructura compleja y cambiante que se rige por leyes ancestrales extraídas de la cultura agrícola, reconocida como la más sólida y antigua de las manifestaciones humanas de transformación de la naturaleza.

En una plano de igualdad fenomenológica van a situarse el recuerdo histórico propiamente valenciano, la mecanización del riego, las “siegas selectivas”, los parterres de inspiración infantil, y la página web que informa y recibe a la vez. Una urdimbre intelectual primorosamente reflejada en los dibujos y en los supuestos diarios de transformación que hacen del resultado un alarde de innovación nunca exento de belleza.

Sin evitar la atractiva mención a la posibilidad de vincular la gestión de su mantenimiento a patrocinadores privados, externizándola, la “llegada de las mariposas al parque” encierra –en un enunciado hermoso- la poesía que no elude un decidido abandono del modelo contemplativo y pasivo que sus autores atribuyen a un pasado obsoleto.

Un trabajo tan ambicioso como generoso en sus aportaciones, que hace de la participación ciudadana y de la optimización de la relación entre esfuerzo inicial y postproducción, ejes principales del mismo.

Una explicación clara y bien ilustrada y una magnífica maqueta han dado cuenta precisa de sus contenidos.


RICHARD ROGERS.

No ha resultado un eslogan, una consigna, ni mucho menos un sencillo logotipo de origen, el gesto amigo de las dos manos que se entrelazan para caracterizar toda la sabiduría y todo el oficio que la propuesta presentada personalmente por quien a su condición de Premio Pritzker une la de reconocido maestro de la arquitectura desde la concepción –con Renzo Piano- del Beaubourg parisino.

La integración, no ya “con”, sino “de” la ciudad, erigiéndose el nuevo parque en una suerte de marca genética de ésta, construido con especial finura intelectual sobre apreciaciones tan sencillas como “la multitud de actividades” (de niños y ancianos) para que “la gente se pueda divertir” o la importancia de “las entradas al parque” o la permanentemente evocada “relación huerta/ciudad”, y las más sofisticadas de “marco abierto” o “cambio de escala”, hasta configurar un sistema tan complejo como fácilmente comprensible de PAISAJE PRODUCTIVO.

El “parque de ustedes y para ustedes” que presentó junto al maestro el arquitecto valenciano José María Tomás, en la búsqueda de un equilibrio entre espacios más tranquilos y otros de actividad, dispone lugares de sombra, agua y recogimiento (“microclimas”) que no evitan explanadas y grandes espacios para eventos masivos ni elude el recurso de pequeñas topografías artificiales, junto a un mosaico flexible y polivalente, un tapiz de capas unidas o superpuestas de olores, colores, texturas y flujos, siempre representado en dibujos hermosos de indudable calidad estética y eficaz capacidad comunicativa.

Un equilibrio que aprecio personalmente entre las acepciones de parque contemplativo o parque interactivo que, en gran medida, caracterizan el discurso crítico sobre el parque contemporáneo. Como aprecio el trabajo que sus autores han puesto a disposición de esta Ciudad.


José María Lozano Velasco. Catedrático.


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